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Caminando con Jesus Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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SANTA TERESA DE JESUS ESCRITOS MENORES VEJAMEN SOBRE LAS PALABRAS " |
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INTRODUCCIÓN
AL VEJAMEN La historia de esta sabrosa
página de Santa Teresa la cuenta ella misma: "Ahí van esas respuestas,
que envié a mi hermano a preguntar esa pregunta, y concertaron responder en
San José [de Avila] (y que allá lo juzgasen las
monjas) los que ahí van. Y el obispo hallóse
presente, y mandó que lo enviasen que lo juzgase yo, cuando aún para leerlo
no estaba la negra cabeza", escribe a María de San José el 2 de marzo de
1577. En la oración había oído ella las
palabras "búscate en mí", que remitió a su hermano Lorenzo de
Cepeda para que las rumiase. El lo tomó tan en serio, que sintiéndose incapaz
de penetrar su sentido, acudió al consejo de sus amigos, mereciendo una seria
y solemne consulta, celebrada en el locutorio de San José, en la que tomaron
parte, Julián de Avila, Francisco de Salcedo, San
Juan de la Cruz, y las monjas del convento. Las respuestas escritas fueron
remitidas a la M. Teresa que se encontraba en Toledo. No se conserva ninguna
de ellas, sino sola la de Lorenzo de Cepeda, pero sí el juicio que dio la
Santa. Es este escrito, titulado "vejamen" en jerga literaria de su
tiempo. La Santa formula irónicamente su
juicio, sobre la base de un criterio original: "no tengo intención de
decir de cosa bien de cuanto han dicho" (respuesta a Salcedo). Su gracia
y juguetona ironía se desborda en cada palabra. Antecede una breve
introducción, y sigue, en orden, el dictado de sentencia contra los cuatro:
Salcedo, Julián de Avila, san Juan de la Cruz y
Lorenzo de Cepeda. A excepción de la respuesta a
Lorenzo (números 89) ha llegado hasta nosotros el texto autógrafo de la
Santa, conservado en las Carmelitas Descalzas de Guadalajara. Sobre él se
basa nuestra edición. Los últimos números (8-9) los tomamos de la primera
edición del "Vejamen", hecha por Palafox en el tomo primero de las
cartas de la Santa (Zaragoza 1658, pp. 5459), corregida por el ms. 12.674 la Biblioteca Nacional de Madrid. VEJAMEN 1. Si la obediencia no me
forzara, cierto yo no respondiera, ni admitiera la judicatura por algunas
razones, aunque no por la que dicen las hermanas de acá, que es entrar mi
hermano entre los opositores que parece la afición ha de hacer torcer la
justicia: porque a todos los quiero mucho, como quien me ha ayudado a llevar
mis trabajos, que mi hermano vino a el fin de beber el cáliz, aunque le ha
alcanzado alguna parte, y alcanzará más, con el favor del Señor. El me dé gra[cia] para que no diga algo que merezca denuncia en la
Inquisición, según está la cabeza de las muchas cartas y negocios que he
escrito desde anoche acá. Mas la obediencia todo lo puede, y así haré lo que
V. S. manda, bien o mal. Deseo he tenido de holgarme un rato con los papeles,
y no ha habido remedio. DE
FRANCISCO DE SALCEDO 3. También dice mucho de
entendimiento y de unión. Ya se sabe que en la unión no obra el
entendimiento: pues si no obra, ¿cómo ha de buscar? Aquello que dice David:
Oiré lo que habla Dios en mí, me contentó mucho, porque esto de paz en las
potencias, es mucho de estimar, que entiendo por el pueblo. Mas no tengo intención de decir de cosa bien de cuanto han
dicho; y así digo, que no viene bien, porque no dice la letra que oyamos, sino que busquemos. 4. Y lo peor de todo es, que si no
se desdice, habré de denunciar de él a la Inquisición, que está cerca. Porque
después de venir todo el papel diciendo: esto es dicho de San Pablo, y del
Espíritu Santo, dice que ha firmado necedades. Venga luego la enmienda; si
no, verá lo que pasa. DEL
P. JULIÁN DE ÁVILA 5. Comenzó bien y acabó
mal; y así no se le ha de dar la gloria. Porque aquí no le piden que diga de
la luz increada ni criada cómo se junta, sino que nos busquemos en Dios. Ni
le preguntamos lo que siente un alma cuando está tan junta con su Criador; y
si está unida con El, )cómo tiene parecer de si
diferencia u no? Pues no hay allí entendimiento para esas disputas, pienso
yo, porque si le hubiera, bien se pudiera entender la diferencia que hay
entre el Criador y la criatura. También dice: "(Cuando está
apurada". Creo yo, que no bastan aquí virtudes ni apuración; porque es
cosa sobrenatural y dada de Dios a quien quiere; y si algo dispone, es el
amor. Mas yo le perdono sus yerros, porque no fue
tan largo como mi Padre Fray Juan de la Cruz. DEL
P. JUAN DE LA CRUZ 6. Harto buena doctrina
dice en su respuesta, para quien quisiere hacer los ejercicios que hacen en
la Compañía de Jesús, mas no para nuestro propósito. Caro costaría, si no
pudiésemos buscar a Dios sino cuando estuviésemos muertos al mundo. No lo
estaba la Magdalena, ni la Samaritana, ni la Cananea, cuando le hallaron.
También trata mucho de hacerse una misma cosa con Dios en unión; y cuando
esto viene a ser, y Dios hace esta merced al alma, no dirá que le busquen,
pues ya le ha hallado. 7. Dios me libre de gente tan
espiritual, que todo lo quiere hacer contemplación perfecta, dé do diere. Con
todo, los agradecemos el habernos tan bien dado a entender lo que no
preguntamos. Por eso, es bien hablar siempre de Dios, que de donde no
pensamos nos viene el provecho. EL
SR. LORENZO DE CEPEDA, SU HERMANO 8. Como ha sido del señor
Lorenzo de Cepeda, a quien agradecemos mucho sus coplas y respuesta. Que si
ha dicho más que entiende, por la recreación que nos ha dado con ellas, le
perdonamos la poca humildad en meterse en cosas tan subidas, como dice en su
respuesta; y por el buen consejo que da, de que tengan quieta oración (como
si fuese en su mano) sin pedírsele: ya sabe la pena a que se obliga el que
esto hace. Plegue a Dios se le pegue algo de estar junto a la miel, que harto
consuelo me da, aunque veo que tuvo harta razón de correrse.
Aquí no se puede juzgar mejoría, pues en todo hay falta sin hacer injusticia. 9. Mande V. S. que se enmienden;
que yo me enmendaré, en no me parecer a mi hermano en poco humilde. Todos son
tan divinos esos señores, que han perdido por carta de más; porque, como he
dicho, quien alcanzare esa merced de tener el alma unida consigo, no le dirá
que le busque, pues ya le posee. Beso las manos de V. S. muchas veces por la
merced que me hizo con su carta. Por no cansar más a V. S. con estos
desatinos, no escribo ahora. Indigna sierva y súbdita de V. S. Teresa de Jesús. |
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