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“La corrección fraterna”
Mt 18, 15-20
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
1.
¿QUE ES LA CORRECCION FRATERNA?
Muchas
veces nos enfrentamos a lo que llamamos la “Corrección Fraterna”, o porque
nos vemos en la necesidad de hacerla o porque alguien nos quiere ayudar.
Pero también es cierto que en muchas ocasiones esta corrección no es tal,
en especial cuando observamos que no se hace por amor y es un cierto
juzgamiento velado en una falsa corrección y se apela a este concepto con
una disfrazada caridad.
El
ideal del hombre que quiere ser apóstol eficaz es cultivar con la gracia las
cualidades humanas: Corazón noble, ser humano, compasivo y generoso. Tener
una conciencia recta, una actitud social impecable y una voluntad
inflexible, decidida, firme y perseverante.
La
verdad es la verdad y hemos de profesar un culto ferventísimo a la verdad,
salvada siempre la prudencia y la caridad. Lo que no está bien hecho no
está bien hecho aunque lo haga el más amigo que yo
tenga, pero manteniendo la cordialidad y dulzura.
“Que
predomine siempre la razón sobre el corazón. Así diremos las palabras
convenientes y no las que halaguen o para que nos halaguen. Hay personas
tan deseosas de causar buena impresión, de que se los tenga en mayor estima
que aun sin darse cuenta, callan lo que deben decir o no hablan lo que
deberían. Importa mucho que por nuestra acción todos sean más santos, todos
vivan más plenamente la fe y practiquen más las virtudes. Que por nosotros nadie
descienda en la humildad. Que ayudemos con nuestros consejos y con nuestra
entereza a que los nuestros vivan mejor la caridad, la mortificación, la
vocación, la obediencia, la vida cristiana. Obrar guiándose por la razón,
no por el corazón; por la fe, no por el amor de la carne y de la sangre.
Aunque quien pague las consecuencias sea tu padre o tu madre, tus propios
familiares... o tú mismo. (Comenta el Padre Jesus
Marti Ballester en su libro Caminos de Luz)
2. LO QUE DICE EL EVANGELIO
“Si
tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te
escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo
uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres
testigos. Si les desoye a ellos,
díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como
el gentil y el publicano.” (Mateo (SBJ) 18, 15-17)
3. UN ACTO DE CARIDAD
Este
“repréndele” es acto de caridad, por amor a un hermano, y aplicamos la corrección
fraterna, porque estamos buscando su bien y lo hacemos como nos lo pide
Jesús, en primera instancia, en privado y no divulgamos lo conversado.
Ahora bien, si a quien queremos corregir no nos oye, nos pide Jesús aplicar
la corrección con dos testigo y en último caso
junto a la comunidad.
No
debemos olvidar, que esta corrección fraterna, está contenida en el mandato
del servicio a los más pequeños y del perdón sin límites. También se enmarca
en la condena del escándalo, como de la falta de misericordia.
Muchas
veces oímos y expresamos la palabra caridad, esto nos invita a reflexionar
en profundidad el significado de esta a fin de no olvidar su sentido, es
una palabra muy bella, con mucho sentimiento, caridad es la actitud
solidaria con el sufrimiento ajeno, es así como damos una limosna por
caridad, porque queremos ir en auxilio de quien lo necesita y lo hacemos
por amor a Dios. Caridad es la virtud sobrenatural infusa (gracias y dones que
Dios infunde en el alma) por la que la persona ama a Dios sobre todas las
cosas por sí mismo (no por interés) y ama al prójimo por Dios.
La
caridad no es indecorosa, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva
cuentas del mal. (Cor.1- 13,5)
4. UN ACTO DE AMOR FRATERNO
Toda
nuestra vida, como hijos de Dios, tenemos que hacerla de la mejor forma, con y por
la caridad, en ella se expresa fielmente el amor fraterno, es así como
Jesús siempre nos enseña que hemos de dar y buscar el amor al prójimo.
Ciertamente,
la corrección fraterna, debe efectuarse con la amabilidad con la cual la
haría Cristo, no exentos de franqueza y sinceridad, pero fundamentalmente
con sentimientos profundos de amor al hermano que ha caído en falta, y su
fin no es otro que desear su bien, sobre todo su bien eterno.
El
amor fraterno, nos debe impedir el permanecer indiferentes, es decir no nos
encojamos de hombros si sabemos que alguien está en peligro porque no va por
el camino justo o camina por sendas del error. No tengamos temor, es
precisamente la palabra de Cristo la que nos exige a no dejar caer en falta
a un hermano.
5. CRISTO CORRIGE A SUS APOSTOLES
Los
Apóstoles convivían a diario con Cristo, eran hombres sencillos, por tantos
se manifestaban tal como eran a un Jesucristo que los amaba como ama Dios,
pero que vive como hombre y con un corazón humano que no pierde ocasión
para corregirle y enseñarles el buen camino. Como sabemos, el Señor los quiere
santos.
6. CRISTO LOS CORRIGE ANTE EL CELO Y LA
ENVIDIA.
Juan
le dijo: - Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y
no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con
nosotros. Pero Jesús dijo: - No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre
un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de
mí. (Marcos (SBJ) 9)
Jesús
no autoriza esa prohibición. Si hay una delegación suya para ello en los apóstoles,
también otros pueden invocar su nombre, con reverencia, apelando a su
poder, lo que no es estar lejos de su discipulado, pues, al menos, está con
él. Que no se lo prohíban. Quien así obró, no sólo no hablará mal de Él,
sino que se aproximará cada vez más a su reino, al ver el gran signo del
mesianismo y del Mesías: la expulsión y triunfo sobre Satán.
Lo
que ha hecho Jesús, es hacerle ver a sus discípulos que es no partidario de
los celos que ellos tienen, hoy a nosotros nos dice que no debemos confundir
los intereses de El Hijo de Dios, con los nuestros. Lo que nos debe
interesar es la Gloria del Señor, no la nuestra.
En
efecto, en algunas ocasiones nos confundimos, estamos celosos y la verdad
es que estamos envidiosos, porque nos sentimos postergados, como si
estuviéramos en segundo lugar, como si otros nos opacaran y nos hacen
sombra y nos duele esta situación.
7. APOYAR AL QUE HACE EL BIEN.
Es
importante saber ver que lo que importa en la lucha contra el mal y la
maldad, sin importar quien la realiza, ni donde ni como se hace. Debemos
sentirnos gozosos cuando otros están trabajando por el bien de los demás.
Debemos apoyar a los que hace el bien, no envidiarlos. No debemos
confundirnos, y oremos por los que en nombre del Señor trabajan por su
gloria, sin preocuparnos si ellos brillan más que nosotros.
8. JESUCRISTO NOS SORPRENDE.
En
otra ocasión, el Señor nos sorprende, porque reprende con dureza a Pedro. Entonces
Pedro se lo llevó aparte (a Jesús) y trató de disuadirlo, (a que suba a
Jerusalén) diciéndole: No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a
ti. Pero Jesús se volvió y le dijo a Pedro: - ¡Apártate de mí, Satanás, y
no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es
el de Dios, sino el de los hombres!-
La
respuesta de Jesús a Pedro es que no sea para El un Satanás, el gran
enemigo del reino. Por eso, la proposición de Pedro, nacida de ignorancia y
de afecto, era para el Señor un obstáculo de seguirla, para no cumplir el
mesianismo de dolor, que era el plan del Padre. No es de extrañar en Pedro
una dificultad para aceptar aquellas profecías de Jesús. Pedro conocía y
confesaba la mesianidad de Jesús, pero algo
deformada por los prejuicios rabínicos que el antes había oído sobre un
Mesías triunfador y nacionalista, entonces no le era fácil aceptar la
imagen de un Mesías doliente, humillado y crucificado por los jefes de la nación.
Así es como Jesús le hace ver que habla al modo humano y, que elude el
dolor.
Jesús
debía padecer y morir, ese era el Plan de Dios, pero ese sufrimiento había
de ser la causa de nuestra salvación. Como a Pedro, nos sucede lo mismo, el
no entendía las cosas de Dios, del mismo modo, por no situarnos en el Plan
del Padre, se nos hace difícil entender sus obras. Tenemos necesidad de
despojarnos de los criterios del hombre y adoptar solo y únicamente el de
Jesucristo.
9.
¿PODÉIS BEBER LA COPA QUE YO VOY A BEBER?
En
otra ocasión, se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,
y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: -- ¿Qué quieres? - Dícele ella: - Manda que estos dos hijos míos se
sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino. - Replicó
Jesús: - No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?
-- Dícenle: - Sí, podemos. - Díceles:
- Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa
mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. Al
oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. (Mateo
(SBJ) 20)
La
ambición que reflejan aquí los dos apóstoles está en la misma línea de
incomprensión de un Mesías doliente y de su reino espiritual. En este
fragmento de san Mateo, la petición la hace Salome, la madre de Santiago y
Juan. Para ellos se pide los dos primeros puestos en su reino. Se lo concibe
como terreno. La petición no miraba sólo a los puestos de honor, sino
también a los de ejercicio y poder. Estos dos puestos correlativos de su
derecha e izquierda eran los dos primeros puestos de una serie. Santiago y
Juan, son primo de Jesús y quieren hacer prevalecer este parentesco.
En
la respuesta de Cristo les corrige el enfoque de su concepción terrena del
reino. Este es de dolor. ¿Podrán ellos “beber el cáliz” que a Él le aguarda
de su pasión?, la pregunta es un contexto lógico, para precisarles bien la
naturaleza del reino. El martirio — testimonio — estaba bien experimentado
en la Iglesia a esta hora.
A
la pregunta que les hace Jesucristo si estarían dispuestos a beber este
“cáliz” y a sumergirse, como El en este dolor, le respondieron que sí. No
era una respuesta de fácil inconsciencia. Y Cristo les confirma, con
vaticinio, este martirio de dolor. De hecho, Santiago el Mayor sufrió el martirio
sobre el año 44, por orden de Agripa I (Hech 12:2), siendo decapitado. Juan
murió en edad muy avanzada (Jn 21:23), de muerte natural. Pero, antes de
ser desterrado a la isla de Patmos, sufrió el martirio, pues fue sumergido
en una caldera de aceite hirviendo, de la que Dios le libró milagrosamente.
Quedaba
con ello corregido el erróneo enfoque sobre la naturaleza de su reino. Y
les aprobaba su coraje cristiano, cuyo ímpetu se refleja en otras ocasiones.
Pero había en esta petición un plan más profundo del Padre que no competía
a Jesucristo el cambiarlo; había en todo ello una “predestinación”: Dios
dispone libremente de sus dones: de la donación gratuita de su reino y de
los puestos del mismo.
Observamos
que los Apóstoles conocen, riguroso, el rostro amable de Jesús, cuando debe
corregirles; lo bello es que además conocen el cariño que incluye a sus
lecciones. En efecto, Jesucristo reprende movido por el amor.
Jesús,
es el Buen Pastor, vigila los caminos de su rebaño para que estén pastos
seguros, para que vayan por senderos peligrosos ni pasten en malos pastos,
por tanto sus ovejas saben que están en manos
confiables. Ese el ejemplo que debemos seguir para corregir fraternalmente
a nuestros hermanos, atentos, pero con mucho cariño.
10. CUIDADO CON CONFUNDIRSE, CORREGIR POR AMOR.
A
menudo sucede que nos confundimos en el concepto de la corrección fraterna, y esta
se extiende más allá de lo que nos pide el Señor, y en vez de corregir,
solo causamos heridas y dolor, por tanto debemos
ser muy prudentes al hacerla, es decir esta debe hacerse siempre con
caridad y como respuesta a cariño que tenemos a quien se la pedimos.
Nos
enseña San Agustín: corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino
con la cariñosa intención de lograr su enmienda Si así lo hacemos,
cumpliremos muy bien el precepto: "si tu hermano pecare contra ti,
repréndelo estando a solas con él" ¿Por qué lo corriges? ¿Porque te
apena haber sido ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor
propio, nada haces. Si es el amor lo que te mueve, obras excelentemente.
Las mismas palabras enseñan el amor que debe moverte, si el tuyo o el suyo:
"si te oyere -dice- habrás ganado a tu hermano" Luego has de obrar para ganarle a
él. (Sermón 2, 4.)
11. LA CORRECCIÓN FRATERNA NO DEBE TENER SENTIMIENTOS DE ENVIDIA.
A
muchos les gusta ocupar los primeros puesto y
sentirse más que los de atrás, pero mayor falta tiene aquel que se siente
envidioso por no estar delante. La envidia produce un sentimiento de
disgusto a quien la siente, le quita paz en el corazón y es atrapado por el
rencor consigo mismo por no lograr lo que tiene otro.
Es
así como la envidia es entristecerse por el bien ajeno. Es un mal desde
todo punto de vista censurable. Es una costumbre difícil de comprender, y
nos aterroriza que nos atribuyan ser poseedor de ese defecto. La envidia destruye
el corazón de quien la padece y por tanto no puede gozar de la felicidad
que debiera.
El
envidioso, no disfruta de la vida, por estar pensando que su prójimo está
disfrutando algo más que él. Pero lo más triste, es el sufrimiento que
siente por la felicidad ajena. El envidioso desprecia el éxito de los
demás, y está convencido que se las están quitando injustamente a él.
Por
los labios del envidioso, siempre está el desprestigio de los que se destacan,
siempre están echando a tierra a todo el que sobresale. Pero
además, invita a los otros a pensar mal del modo como ha tenido éxito
cierta persona. Es así como el envidioso critica duro y sin fundamento al
que es admirado por alguna cualidad.
12. LA CORRECCIÓN FRATERNA, DEBE LLEVAR IMPLÍCITA LA GENEROSIDAD.
Nuestra
actitud cristiana, debe ser espejo del carácter de Nuestro Señor Jesús,
debe tener incluida toda la generosidad que tiene el corazón de Cristo. Si le
amamos, debemos dar testimonio con nuestra conducta, para que más hombres
se entusiasmen seguir a Jesús. Si mostramos una actitud digna de ejemplo,
si entre nosotros nos tratamos como si estuviéramos tratando con Cristo, no
me cabe la menor duda que más hombres buscarían sentirse nuestro prójimo de
la forma como nos enseña el Señor.
Si
mostramos egoísmo, ¿Cómo podemos al mundo que queremos atraer convencer del
gran amor de Dios? ¿Cómo podemos explicar la generosidad de Dios? “Porque de
tal manera Amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que
todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3,16)
Estábamos
en un mal camino, habíamos condenado nuestra existencia a unas tinieblas,
sin embargo a través de Jesús, hoy recibimos la
vida eterna y vida abundante. Por la
generosidad de Dios, fuimos rescatados de una vida sin esperanza, por el
sacrifico de Jesucristo nos fueron perdonados nuestros pecados, fuimos
sanados de nuestras enfermedades y fuimos liberados del mal. Esa es la gran
generosidad del corazón de Dios. A nosotros nos compete demostrar lo mismo.
“Por
tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 5,1),
Dios
es generosidad, es el corazón de Dios. A Dios, se le habita en el corazón,
ese es su lugar preferido, por lo tanto la
generosidad debe comenzar en nuestros corazones.
13. AL
CORREGIR, CUIDÉMONOS DE NO JUZGAR.
El pecado más grande que cometemos, es juzgar al prójimo, ¿existirá algo peor?.. Si tenemos la convicción de que Dios habita en
el corazón de los hombres, ¿Quién es el más próximo a nosotros? Para
algunos el pecado es la infracción a la Ley, pero no es solo eso, sino el
rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposición
mental que lleva al pecador a hacer la propia voluntad en oposición a la de
Dios. ¿Hay algo que moleste más a Dios que oponerse a su voluntad? ¿Tiene
derecho el hombre asumir la responsabilidad de Juzgar a su prójimo?
Qué fácil es criticar, juzgar y de esta
forma llegar a despreciar a los demás. Se critica censurando negativamente
a las personas y sus actos, se juzga a las personas valorando sus acciones
o sus condiciones y se emite un dictamen o sentencia sobre ellas
pensando que se tiene autoridad para ello, desde allí, el desprecio al
criticado y juzgado es el paso siguiente. Sin embargo
juzgar es un pecado grave. Jesucristo mismo ha dicho: Hipócrita, sácate
primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver claro para sacar la paja
del ojo de tu hermano (Lc 6, 42). Las faltas y los pecados que más
conocemos íntimamente, son los nuestros, y
nosotros sabemos mejor que nadie lo soberbios que somos. También sabemos
cuáles son las cosas buenas que hacemos. Así mismo, conocemos el fariseo
que llevamos dentro.
El fariseo que oraba y agradecía a Dios
por sus buenas acciones; (Lc 18-11): --OH Dios, te doy gracias porque no soy
como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese
publicano---. El no mentía, decía la verdad; pero no es por eso por lo que
fue condenado. En efecto, debemos agradecer a Dios por cualquier bien que
podamos realizar, puesto que lo hacemos con su asistencia y su ayuda.
Luego, no fue condenado por haber dicho: no soy como demás hombres ni fue
condenado cuando, vuelto hacia el publicano, agregó: ni como ese publicano.
Sin embargo él fue culpable, porque juzgaba a la
persona misma de ese publicano, la disposición misma de su alma, en una palabra su vida entera. Y así Jesús nos dice; “Yo les
digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero
el fariseo no”
Entonces no existe nada más grave, que
juzgar o despreciar al prójimo. ¿Por qué mejor no nos juzgamos a nosotros
mismos, ya que conocemos íntimamente nuestras faltas, pecados y defectos,
de los cuales sabemos que deberemos rendir cuenta a Dios? ¿Para qué pretender
hacer lo que le corresponde a Dios al juzgar a los hombres? ¿A caso, a
nosotros nos corresponde autorizar o cerrar las puertas del cielo a los
hombres?
Si bien es cierto nosotros hacemos bien
en llevar el mensaje de salvación a nuestro prójimo, es una preocupación
muy agradecida, tenemos que preocuparnos por nosotros mismos, por nuestras
faltas, nuestras propias miserias. Sólo a Dios le corresponde el juzgar,
hacer justicia y condenar. El conoce el estado del alma de cada
uno, Él sabe de nuestras fuerzas, a Él le consta nuestro comportamiento, Él
sabe cuáles son nuestros dones, y nos va a juzgar a cada uno de forma
diferente.
14.
LA CORRECCIÓN FRATERNA, NO ES UN JUICIO
La corrección fraterna, no es un juicio,
es una observación, un consejo de profundo amor y delicadeza, un deseo
verdadero de salvar al hermano, buscando que esta se transforme en delicada
fraternidad, donde este presente el amor para oír
y comprender.
No debemos ser autoritarios para
corregir, tampoco debemos hacerla con hipocresía ni escudándonos en frases
de buena crianza, algo que es habitual, comenzamos disculpándonos por
hacerla, algo que no hace falta.
No debemos tratar de deshogarnos,
solo buscar el bien del hermano. Tampoco es buena la actitud paternalista
ni menos la que se hace por sentirse con el derecho o el poder de corregir,
sino que por amor.
Tampoco debemos caer en el hecho de que nos
sentimos mejor que el hermano que estamos corrigiendo, es decir es bueno
tener siempre presente que yo tampoco puedo tirar la primera piedra; y que
si corrijo al hermano es por hacerle el regalo de un sentimiento mío
negativo que me cuesta expresar (me resultaría más cómodo y fácil callar),
pero que, al compartirlo aclarará nuestra relación y estrechará, a la
larga, lazos más fuertes.
Debemos cuidarnos de no decir tu siempre
haces esto, tu tiene que hacer esto otro, o tú tienes que actuar de esta manera,
es mejor, siempre que sea así de sincero, “me causa dolor cuando te veo en
esta actitud o sufro porque te veo caer en tal cosa, a fin de mostrar
verdadera inquietud por el hermanos que deseamos
ayudar a corregir.
15. CUALIDADES HUMANAS
Actuar
siempre con prudencia: La virtud de la prudencia que es un arma de combate
indispensable. Prudencia en las obras. Prudencia en las palabras. Éstas
salen sin darse cuenta. Cuando te has descuidado, ya te has comprometido. Y
después será difícil reparar los daños.
Saber
dialogar con sensatez: Aunque el diálogo noble siempre enriquece, las
discusiones siempre son peligrosas, por eso no las aceptes en ningún
terreno: ni moral, ni dogmático, ni de crítica. No los has de convencer y
perderás el tiempo y la paz. Y, a lo mejor, dices cosas que no debes.
Cuidado
con los líos: que éste me dijo, que el otro le contó, que dijeron ayer...
Hay que huir de eso, como de la culebra. Hay que huir del enredo, del chisme,
de la soplonería; ¡cuántos malos ratos se pasan en el mundo por esta causa!
Cuando
sea necesario advertir algo, hay que encomendarlo a Dios y buscar el
momento oportuno.
Actuar
con sensibilidad: Pero no sólo hay que cultivar la voluntad y la
inteligencia. También hay que mimar la sensibilidad de la cual nace la
elegancia. Hay una elegancia física y hay una elegancia espiritual, moral.
La
elegancia espiritual, delicadeza de alma, es enemiga de lo grosero y bajo, de
lo que degrada el pensamiento, la imaginación, la memoria, los sentidos, el
corazón.
La
elegancia espiritual nada huye tanto como lo vulgar; en el lenguaje, en las
maneras, en las acciones.
Esta
elegancia espiritual se confunde con el señorío moral, la aristocracia
interior y la delicadeza de alma. Puede hallarse entre los pobres y entre
los ricos. Como también entre unos y otros puede ser cultivada su
contraria.
La
manifestación del alma en su faceta más sonriente tanto tiene lugar en privado
como en público. San Francisco de Sales, el dulce Obispo de Ginebra, en la
soledad de su aposento edificaba por la realeza de su porte, ¡Y estaba
solo! Lo dice quien lo espió.
¿No
será un bello sueño ser un alma delicada? ¿De las que aman apasionadamente
todo lo que es bello Y noble Y grande Y generoso?
Esa
alma distinguida sabe adivinar las llagas más secretas, los secretos más
amargos. Pero les lleva consuelo; sobre esos corazones en otoño, o en crudo
invierno, destila bálsamo reconfortante.
¿Quién,
si no el alma aristócrata, sabe intuir que tal palabra producirá pena y la
callará Y que esa frase dará consuelo y la dirá?
Almas
delicadas, creced Y multiplicaos, llenad la tierra, para que cese la noche
de la vulgaridad y amanezca la primavera de la bondad. (Padre Jesús Marti Ballester)
16. CAMINOS DE LUZ
Pero
Dios quiere salvarnos, y para ese fin esta vida es la prueba que hay que
superar. Perseverancia en acoger la semilla para que rinda fruto de buenas
obras.
La
vida cristiana se reduce a dejarse trabajar el corazón por Dios, para que,
convertido en tierra buena, sea capaz de recibir la semilla de su Palabra,
semilla viva y poderosa; para que una vez la semilla en el surco vaya
transformando la vida antigua hasta que llegue la sementera
de frutos espléndidos de una sobre-naturaleza no
viciada ni bastardeada. ¡Pero cuánto esfuerzo es preciso para soportar los
aguaceros, y las escarchas, el calcinador sol de fuego y la humillación suprema
del grano que se pudre sin quejas! Es más fácil chillar, pero es más eficaz
perseverar. Es más cómodo tirarse en el surco que enterrarse en él. Pero
sólo dan fruto los que perseveran en medio de las tormentas, en el fragor
de las persecuciones.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
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