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ANTÍFONA DE ENTRADA Cf r. SaI 73
Acuérdate,
Señor, de tu alianza, y no olvides para siempre a tus pobres. Levántate,
Señor, defiende tu causa y no desoigas el clamor de los que te invocan.
ORACIÓN
COLECTA
Dios
todopoderoso y eterno, a quien, movidos por el Espíritu Santo, nos animamos
a llamar Padre; confirma en nuestros corazones la condición de hijos tuyos,
para que podamos entrar en la herencia prometida. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA
LECTURA Ez 2, 8- 3, 4
Lectura de la profecía de Ezequiel.
El Señor me dirigió la palabra y me dijo:
«Tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como
ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré». Yo miré y vi una
mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado. Lo desplegó
delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos
fúnebres, gemidos y lamentos. Él me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes
delante: come este rollo, y ve a hablar a los israelitas». Yo abrí mi boca
y Él me hizo comer ese rollo. Después me dijo: «Hijo de hombre, alimenta tu
vientre y llena tus entrañas con este libro que Yo te doy». Yo lo comí y
era en mi boca dulce como la miel. Él me dijo: «Hijo de hombre, dirígete a
los israelitas y comunícales mis palabras».
Palabra de Dios.
COMENTARIO: El gesto simbólico de comer el libro
indica que Ezequiel no hablará su propia palabra, sino la palabra que viene
de Dios. Es una palabra que encierra tanto lamentaciones como dulzura,
porque así será la palabra que el profeta pronuncie, a veces para
denunciar, a veces para anunciar gozosamente.
SALMO Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131
R. ¡Qué dulce es tu palabra en mi boca, Señor!
Me alegro de cumplir
tus prescripciones, más que de todas las riquezas. Porque tus
prescripciones son todo mi deleite, y tus preceptos, mis consejeros. R.
Para mí vale más la ley
de tus labios que todo el oro y la plata. ¡Qué dulce es tu palabra para mi
boca, es más dulce que la miel! R.
Tus prescripciones son
mi herencia para siempre, porque alegran mi corazón. Abro mi boca y aspiro
hondamente, porque anhelo tus mandamientos. R.
ALELUYA Mt 11, 29
Aleluya. “Carguen sobre
ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de
corazón”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO Mt 18, 1-5. 10. 12-14
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Los discípulos se
acercaron a Jesús para preguntarle: « ¿Quién es el
más grande en el Reino de los Cielos?» Jesús llamó a un niño, lo puso en
medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes
no cambian y no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en
el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre
me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos
pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están
constantemente en presencia de mi Padre celestial. ¿Qué les parece? Si un
hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y
nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si
llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las
noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre de
ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos
pequeños».
Palabra del Señor.
COMENTARIO: La Iglesia, comunidad de creyentes, está
llamada a crecer en vínculos de humildad de unos para con otros. Que
ninguno se considere “el mayor” y que nadie sea despreciado como poco
valioso. Cada miembro de la comunidad es valioso a los ojos de los hermanos
y del Padre eterno.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica los dones que te
presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual, conviértenos
en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr. Jn 6, 35
Dice el Señor: Yo soy el pan de
vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre, y el que cree en mí jamás
tendrá sed.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Acompaña y protege siempre, Señor,
a quienes has renovado con este don celestial, y ya que nos reconfortas
constantemente concédenos participar de la redención eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
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“¿Quién es el más grande en el Reino de
los Cielos?”
San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
1. "¿QUIÉN ES EL MÁS GRANDE EN EL
REINO DE LOS CIELOS?"
En
aquel tiempo, los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle:
"¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?". Encontramos
en diversos fragmentos del Evangelio, estos celos y ambiciones de los
apóstoles por los primeros puestos en el reino. Aún son aquellos hombres
que fueron pescadores, hombres de trabajos de Galilea y tierras judías, que
a su modo se imaginan el Reino de los Cielos. En otra ocasión, la madre de
Juan y Santiago le pedirá a Jesús los dos primeros puestos en su reino,
ante esto, los otros 10 apóstoles elevaron su reclamo. Y en la hora de la
última cena, Jesús, le da una hermosa lección de humildad, lavando los pies
de cada uno de ellos.
2. “LES ASEGURO QUE
SI NO SE HACEN COMO NIÑOS, NO ENTRARÁN EN EL REINO DE LOS CIELOS”.
Si
nos damos cuenta a leer con detenimiento este fragmento del Evangelio de Mateo,
vemos que la pregunta no es para saber quién de ellos va a ser más santo en
el Reino, sino quién de ellos tendrá una mayor dignidad o un puesto de
mayor privilegio. Según entendemos en el Evangelio según san Marcos, Jesús
se sentó, ya que venían de camino y había que descansar, y de este modo les
responde con una magistral lección, un bellísima parábola,
llamó a un niño, lo puso en medio de ellos, es decir también, delante de
ellos y dijo: “Les aseguro que si no se hacen como
niños, no entrarán en el Reino de los cielos”.
3. EL QUE SE HAGA PEQUEÑO COMO ESTE NIÑO
SERÁ EL MÁS GRANDE EN EL REINO DE LOS CIELOS.
Es
la gran lección que da el Señor sobre la ambición y los honores. Como
complemento a esta enseñanza, les dice luego: El que se haga pequeño como
este niño será el más grande en el Reino de los cielos. Recordemos que los
fariseos, se creían con derecho al Reino, pero este privilegio se da como
don gratuito de Dios. Esta es la lección. Y se lo ha de recibir con la actitud
de los niños, no tanto por sus condiciones morales, sino por su inocencia y
simplicidad. Entonces Jesús nos enseña que hay que tener, pues, esta
actitud moral para recibir el reino: no como exigencia, sino como don
gratuito de Dios.
La
respuesta de Jesús es nuevamente desconcertante en aquel tiempo para los
discípulos y hoy para muchos adultos, talvez los
apóstoles debieron quedar desilusionados, para Jesús, el hacerse niño no es
sólo condición para alcanzar la mayor grandeza en el Reino, sino incluso, y
así se los dice, si ustedes no cambian y no se hacen, expresando que es
requisito indispensable para ser admitido en el Reino.
4. ¿PORQUE SER COMO UN NIÑO Y HACERSE
PEQUEÑO?
¿Porque
ser como un niño y hacerse pequeño? El niño es un ser débil y humilde, que
no posee nada, no tiene ambición, no conoce la envidia, no busca puesto
privilegiados, no tiene nada que decir en la codicia de los adultos, el niño
tiene conocimiento de su pequeñez y su debilidad. Es así como nos hace
saber Jesús, que el más humilde será el más grande ante el Padre, como
vemos, de nada importa el nivel, la jerarquía o el rango y papel que se
desempeñe en la sociedad.
El
niño al igual que el pobre recibe con alegría lo que se le entrega cuando
su necesidad depende de los demás. Ese es el sentido de ese “hacerse como
los niños”, hacerse humilde y sencillo de corazón, empequeñecido en la sociedad
respecto a los puestos de jerarquía, esa es condición de Jesús para
seguirlo, “El que no renuncie a sí mismo, no puede ser mi discípulo”
5. EN CADA POBRE ESTA CRISTO Y EL QUE
ACOGE A UNO ACOGE A JESÚS.
Tenemos
claridad que esa es nuestra situación ante Dios, es así como Jesús quiere
que sus discípulos, sus apóstoles, y todos nosotros seamos receptivos,
sencillos y humildes, con capacidad o disposición favorable para recibir y aceptar
y la grandeza espiritual en el servicio que Él nos pide, esta es la
conversión que nos hará distintos y nos transformará en niños, pero al
igual que ellos, entendiendo que la que la niñez espiritual es una actitud
interior de dependencia y confianza en el Señor y todo esto, debemos
hacerlo con gestos concretos en el servicio a los más humildes, porque en
cada pobre esta Cristo y el que acoge a uno acoge a Jesús.
En
efecto, no olvidemos, que el que acoge al indefenso, al humillado, al marginado,
esto es, todo lo que hacemos por un hermano los hacemos también por Cristo.
6. SUPRIMIR EN EL CORAZÓN LA AMBICIÓN Y
MUCHAS VECES ESA ENVIDIA POR QUERER UN PUESTO MAYOR
Ser
como niños, es suprimir en el corazón la ambición y muchas veces esa
envidia por querer un puesto mayor, Pero la humildad no resulta fácil para
muchos de nosotros, porque ello implica renunciar a ciertos deseos de
poder, de dominar lo que erráticamente creemos necesitar, por tanto el ejemplo que nos dio Jesús en el niño es esa
humildad como manifestación pura que tiene la infancia al estar exento de
poder, pero si necesitados de un cuidado amoroso. Confiemos esta protección
a Dios y recordemos que por mucha edad que tengamos, jamás dejamos de ser
niños para nuestra madre, es así como confiemos en María, Madre de Dios y
Madre Nuestra, pidámosle a ella, ser como los niños que espera Jesús de
nosotros.
7. JESÚS NOS ENSEÑA A NO DESPRECIAR A
NADIE
Jesús
dijo luego a sus discípulos: ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien
ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en
la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Jesús nos enseña a no
despreciar a nadie, y si alguien se extravía del camino de rectitud, no
debemos abandonarlo, al contrario debemos hacer
cuanto este de nuestra parte para que vuelva a caminar por el buen sendero.
Si
el pastor tiene una solicitud extrema por que no se
pierda ni una sola oveja de su rebaño, hasta ir en busca de una que se
extraviase, es ello señal de su amor por la misma. No se ha de perder ni
una.
8. “Y SI LLEGA A ENCONTRARLA, LES ASEGURO
QUE SE ALEGRARÁ”
El
Señor, quiere que todos nos salvemos, todos somos sus hijos queridos, en
otra palabra la voluntad del Padre, es salvar a
todos los hombres, grandes y pequeños.
Dice
Cristo: “Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella
que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el
Padre de ustedes, que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo
de estos pequeños”
Pero
a los pequeños que se refiere son los sencillos, los humildes, los que no
tienen gran relevancia. Muchos hombres de condición humildes, como
consecuencia de no poder conseguir sus necesidades, se equivocan y optan
por el mal camino y se pierden y caen en el pecado. Son a estos hombres a los
que debemos prestar nuestro auxilio. A estos hombres son a los que debemos
buscar para hacerles sentir que tengan confianza en el Señor, y enseñarles
que Dios tiene una profunda bondad, una gran misericordia y que busca su
salvación.
9. QUE EL REINO DE DIOS ES PARA TODOS
Muchos
arrepentidos modifican de tal forma su mal camino, que superan y aventajan
a quien siempre se ha considerado justos, y de esto se alegra el Señor. Es
decir, la conversión de un pecador, produce un
gran gozo, porque fue grande también la tristeza cuando lo vio perdido en
las faltas.
Porque
el Señor nos ha enseñado siempre que el reino de Dios es para todos,
también es para aquellos que se consideran pecadores. Es así, como cuando
uno se aleja de Dios por el pecado, el Señor no lo abandona y lo sigue con
interés y con su gracia para darle salvación.
10. LAS GENTES ASÍ DESPRECIADAS TIENEN EL
AMOR DEL PADRE
Así
es el amor y solicitud del Padre por sus hijos, en especial por estos “pequeños,”
por muy desestimados y despreciados que se los considerase socialmente. En
efecto, las gentes así despreciadas tienen el amor del Padre, hasta tal
punto, que el reino también es para ellos. Y el Padre tendrá la máxima
solicitud porque ninguno se pierda.
Entonces
si el Señor tiene tanto interés es nuestra salvación personal, también
nosotros debemos poner el mismo interés en nuestra propia salvación
alejándonos de la faltas y no extraviándonos por
un camino de perdición y lejos de la gracia. Entonces busquemos hacer
buenas obras para acercarnos a la misericordia del Señor.
Del
mismo modo no pongamos resistencia al llamamiento de Dios, Él nos busca, Él
nos guía, Él Nos ayuda con su gracia, Él nos mira con bondad, Él se
preocupa por nosotros, Él nos tiene en su corazón.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
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HACERSE COMO NIÑOS
Nos relata el Evangelio de hoy, que Jesús llamó a un niño, lo puso en
medio de ellos y dijo: “Les aseguro que, si ustedes no cambian y no se
hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos…”
Jesús no buscó para sí, durante su vida, cargos públicos ni puestos
de prestigio, tampoco se dejó impresionar por los títulos honoríficos de la
gente que tenía delante, ni por su experiencia, ni por los años, ni por las
canas: miraba a cada hombre a los ojos sin ninguna timidez, leía hasta el fondo
sus pensamientos e intenciones.
Jesús, para liberamos de todo desvarío de grandeza y permitirnos
construir verdaderas comunidades, nos indicó el camino del hacernos niños,
la vía de la infancia espiritual recorrida sabiamente por santa Teresa del
Niño Jesús.
Lo que une no es la habilidad real o presunta, sino la pequeñez
acogida en el Hijo, el hacerse como niños los unos ante los otros y ante
Dios.
Hacerse como niños no es poner en marcha un proceso de involución, sino
llevar a cabo un cambio radical, una conversión radical, en nuestro modo de
ser ante Dios y ante los otros.
Hacerse como un niño es hacer sitio a la confianza que el pequeño muestra frente a sus padres, a la serenidad y al
optimismo con que mira al futuro. El niño se abre cada día, con una
disponibilidad siempre fresca, a las nuevas experiencias.
Hacerse como un niño es fiarse, no temer enredos, no hacer cálculos,
no preguntarse si y cuánto ganaremos.
Hacerse como un niño es olvidar lo que hemos hecho y lo que hemos
sufrido, no encerramos en nosotros mismos con resentimiento o malhumorados
por las amarguras que hemos pasado.
Lo que mantiene la unión no es el acuerdo impecable y perfecto, sino
el perdón recibido y otorgado de manera constante.
Conseguir el corazón, la mente y los ojos de un niño se convierte
realmente en una conquista.
Y está fuera de duda que la vive de un modo más consciente y pleno precisamente
quien ha vivido más, quien más se ha entregado, quien más ha sufrido.
La comunidad se construye sobre todo cuando tiene en su centro, como
valor absoluto, a aquel que se hizo el último y siervo de todos: al Señor
crucificado, revelación del Dios amor que se hizo pequeño para acoger a los
pequeños.
Llegar a ser niños es una espiritualidad que puede crecer con los
años.
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