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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS
"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida
cristiana" (LG 11)
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Página de Pedro Sergio Donoso
Brant
28 años en Internet, desde
1998
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07-06-2026
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Edición Nº 10.724
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LITURGIA
DE LAS HORAS
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Enlace para temas sobre la fiesta de: CORPUS
CHRISTI
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Domingo de Corpus
Christi, Ciclo A
EL PAN DE VIDA
“El pan que yo
daré es mi carne para la vida del mundo”
La Eucaristía es
Cristo vivo entregándose, Cristo que se da, que se ofrece del todo,
voluntariamente, libremente, por amor... ¡si descubriéramos cuánto amor hay
en cada misa y en cada Sagrario no podríamos permanecer indiferentes!
“Si no coméis la
carne del Hijo del Hombre, no tenéis vida en vosotros”.
Cristo en la
Eucaristía es la fuente de toda vida cristiana. De Él se nos comunica la
gracia, la santidad, la caridad y todas las virtudes. De Él brota para
nosotros la vida eterna y la resurrección corporal. Si nos falta vida es
porque no comulgamos o porque comulgamos poco, o porque comulgamos mal.
“El que come mi carne
habita en mí y yo en él”.
Este es el fruto
principal de la comunión. Si Cristo nos da vida no es fuera de Él. Nos da vida
uniéndonos consigo mismo. Al comer su carne permanecemos unidos a Él y al
permanecer en Él tenemos la vida eterna, es decir, su misma vida, la que Él
recibe a su vez del Padre. Si comulgamos bien seremos cada vez más
cristianos y más hijos de Dios, viviremos más en la Trinidad.
“Formamos un sólo
cuerpo porque comemos todos del mismo pan”.
Otra maravilla de la
Eucaristía: al unirnos a Cristo nos une también entre nosotros. Al tener todos la vida de Cristo somos hermanos “de carne y
sangre”, con una unión incomparablemente más fuerte y profunda que los
lazos naturales. La Eucaristía es la única fuente real de unidad. Por eso,
si no comulgamos con la Iglesia y con los hermanos estamos rechazando al
Cristo de la Eucaristía.
Para ver la Reflexión completa de las 3
lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS
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I.-RITOS
INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 80, 17
El Señor los alimentó
con lo mejor del trigo, y los sació con miel silvestre.
ACTO PENITENCIAL
· Tú que eres el pan
vivo bajado del cielo. Señor, ten piedad.
· Tú que sellaste con tu
sangre la Nueva y Eterna Alianza. Cristo, ten piedad.
· Tú que nos dejaste el
memorial de tu cuerpo entregado y tu sangre derramada para el perdón de los
pecados. Señor, ten piedad.
SE DICE GLORIA A DIOS
Gloria a Dios en el
cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa
gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos
gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo
único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que
quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado
del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del
Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios
Padre. Amén.
ORACIÓN COLECTA
Señor Jesucristo, que
en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos
venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,
que podamos experimentar siempre en nosotros los frutos de tu redención.
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres
Dios, por los siglos de los siglos.
II.-LITURGIA
DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA Deut
8, 2-3. 14-16
Lo
que origina la fe del pueblo de Israel es haber visto a Dios actuar en su
historia: Eran esclavos y el Señor los hizo libres. La fe, que transforma
la vida, arranca de haber visto a Dios actuar en la propia vida.
Lectura del libro del
Deuteronomio.
Moisés habló al
pueblo diciendo: Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer
por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a
prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de
guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a
comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para
enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale
de la boca del Señor. No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de
Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible
desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor,
tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de
la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no
conocieron tus padres.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 147, 12-15. 19-20
R. ¡Glorifica al
Señor, Jerusalén!
O bien: Aleluya.
¡Glorifica al Señor,
Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! El reforzó los cerrojos de tus puertas y
bendijo a tus hijos dentro de ti. R.
Él asegura la paz en
tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la
tierra, su palabra corre velozmente. R.
Revela su palabra a
Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni
le dio a conocer sus mandamientos. R.
SEGUNDA LECTURA 1Cor 10, 16-17
En
la asamblea que celebra la eucaristía está toda la Iglesia, está el Cuerpo
cuya cabeza es Cristo. El realiza la comunión por su sacrificio: ya no hay
esclavo, ni libre, todos somos uno en Cristo.
Lectura de la primera
carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.
Hermanos: La copa de
bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y
el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un
solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo,
porque participamos de ese único pan.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Esta secuencia es optativa. Si se la canta o
recita, puede decirse íntegra o en forma breve desde *Este es el pan de los
ángeles.
Glorifica, Sión, a tu
Salvador, aclama con himnos y cantos a tu Jefe y tu Pastor. Glorifícalo
cuanto puedas, porque Él está sobre todo elogio y nunca lo glorificarás
bastante. El motivo de alabanza que hoy se nos propone es el pan que da la
vida. El mismo pan que en la Cena Cristo entregó a los Doce, congregados
como hermanos. Alabemos ese pan con entusiasmo, alabémoslo con alegría, que
resuene nuestro júbilo ferviente. Porque hoy celebramos el día en que se
renueva la institución de este sagrado banquete. En esta mesa del nuevo
Rey, la Pascua de la nueva alianza pone fin a la Pascua antigua. El nuevo
rito sustituye al viejo, las sombras se disipan ante la verdad, la luz
ahuyenta las tinieblas. Lo que Cristo hizo en la Cena, mandó que se
repitiera en memoria de su amor. Instruidos con su enseñanza, consagramos
el pan y el vino para el sacrificio de la salvación. Es verdad de fe para
los cristianos que el pan se convierte en la carne, y el vino, en la sangre
de Cristo. Lo que no comprendes y no ves es atestiguado por la fe, por
encima del orden natural. Bajo la forma del pan y del vino, que son signos
solamente, se ocultan preciosas realidades. Su carne es comida, y su
sangre, bebida, pero bajo cada uno de estos signos, está Cristo todo
entero. Se lo recibe íntegramente, sin que nadie pueda dividirlo ni
quebrarlo ni partirlo. Lo recibe uno, lo reciben mil, tanto estos como
aquel, sin que nadie pueda consumirlo. Es vida para unos y muerte para
otros. Buenos y malos, todos lo reciben, pero con diverso resultado. Es
muerte para los pecadores y vida para los justos; mira cómo un mismo
alimento tiene efectos tan contrarios. Cuando se parte la hostia, no
vaciles: recuerda que en cada fragmento está Cristo todo entero. La
realidad permanece intacta, sólo se parten los signos, y Cristo no queda
disminuido, ni en su ser ni en su medida. *Este es el pan de los ángeles,
convertido en alimento de los hombres peregrinos: es el verdadero pan de
los hijos, que no debe tirarse a los perros. Varios signos lo anunciaron:
el sacrificio de Isaac, la inmolación del Cordero pascual y el maná que
comieron nuestros padres.
Jesús, buen Pastor,
pan verdadero, ten piedad de nosotros: apaciéntanos y cuídanos; permítenos
contemplar los bienes eternos en la tierra de los vivientes. Tú, que lo
sabes y lo puedes todo, Tú, que nos alimentas en este mundo, conviértenos
en tus comensales del cielo, en tus coherederos y amigos, junto con todos
los santos.
ALELUYA Jn 6, 51
Aleluya. “Yo soy el
pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”,
dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO Jn 6,51-58
Jesús
es el Cordero de Pascua, que una vez sacrificado, restablece la comunión
entre Dios y los hombres. Eso los judíos no lo entienden, y como no lo
entienden no lo creen. En la Misa se actualiza el sacrificio por el cual se
nos dio la Vida Nueva.
Evangelio de nuestro
Señor Jesucristo según san Juan.
Jesús dijo a los
judíos: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan
vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del
mundo”. Los judíos discutían entre sí, diciendo: “, Cómo este hombre puede
darnos a comer su carne?” Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen
la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en
ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo
resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi
sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre
que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come
vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus
padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Palabra del Señor.
SE DICE EL CREDO
Creo en Dios Padre todopoderoso.
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro
Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de
Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue
crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día
resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la
derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los
vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu
Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el
perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada intención,
pedimos: Ayúdanos a ser fieles a tu Alianza.
· Para que la vida de cada comunidad
cristiana exprese vivamente la entrega de Cristo. Oremos.
· Para que los moribundos y enfermos
terminales encuentren en la eucaristía fortaleza y consuelo. Oremos.
· Para que en nuestra comunidad se avive el
fervor eucarístico participando más frecuentemente de la Misa. Oremos
· Para que contemplando la sangre derramada
por Cristo se extingan los odios y conflictos sociales. Oremos.
III.-
LITURGIA EUCARÍSTICA
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor y Dios nuestro,
concede bondadosamente a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz,
significados en las ofrendas que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
PREFACIO DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA II
LOS FRUTOS DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA
V. El Señor esté con
ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El
mismo, mientras comía con los apóstoles en la última cena, para perpetuar
el memorial salvífico de la cruz, se entregó a sí mismo como Cordero
inmaculado y sacrificio perfecto de reconciliación. Con este venerable
sacramento alimentas y santificas a tus fieles, para que todos los que
habitamos en el mundo, seamos iluminados por una misma fe y congregados en
una misma caridad. Nos acercamos así a la mesa de este sacramento admirable
para que la abundancia de tu gracia nos conduzca a la vida eterna. Por eso,
todas las criaturas del cielo y de la tierra te adoran entonando un cántico
nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te alabamos cantando sin cesar:
Santo, Santo,
Santo...
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr. Jn 6, 56
Dice el Señor: el que
come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Jesucristo, te
pedimos que podamos saciarnos con el eterno gozo de tu divinidad,
anticipado en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
IV.- RITO DE CONCLUSIÓN
Bendición
Canto final
Después de haber
compartido el misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, volvamos
a la vida diaria a compartir también su entrega de amor por los hermanos.
Nos retiramos cantando.
Es conveniente que se haga la procesión después
de la Misa, en la cual se ha de consagrar la hostia que se llevará en la
procesión. Nada impide que la procesión se haga después de una adoración
pública y prolongada, a continuación de la Misa. Si la procesión sigue a la
Misa, terminada la comunión de los fieles, se coloca sobre el altar el
ostensorio o custodia y se pone la hostia consagrada. Pronunciada la
oración después de la comunión y omitidos los ritos conclusivos, se inicia
la procesión.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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“El que come mi carne
y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”
San Juan 6,51-58
Autor: Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant
1. EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE
TIENE VIDA ETERNA.
Jesús, continúa el gran
discurso pronunciado en Cafarnaúm, en el, nos
explica cuidadosamente, en forma muy explícita, con una claridad admirable
la eucaristía, se repiten algunos conceptos ya antes
dicho, pero con un nuevo matiz, con un cambio notable, ya no dice el
que cree, sino que El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna.
En el fragmento
anterior de este Evangelio, Jesús se proclama a sí mismo: Yo soy el pan de
vida. (Juan 6, 48). Es pan de vida, en el sentido que El
causa y dispensa esta vida: Les dijo Jesús: « Yo soy el pan de la
vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá
nunca sed. (Juan 6,35) En este mismo Evangelio, fragmento anterior,
“Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan
del cielo les dio a comer. (Juan 6, 30-31) los judíos le habían
hecho ver o debatir el prodigio del maná, que Dios hizo en favor de los
padres en el desierto. Y Jesús recoge ahora aquella alusión para decirles,
una vez más, que aquel pan no era el pan verdadero: “Jesús les respondió:
“En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo;
es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; (Juan 6,32).
Pero este era sólo un alimento temporal. Por eso, los padres comieron de
él, pero murieron.
2. YO SOY EL PAN VIVO BAJADO DEL CIELO.
Hay, en cambio, un
pan verdadero. Y éste es el que está bajando del cielo, precisamente para
que el que coma de él no muera. No morirá en el espíritu, ni eternamente en
el cuerpo. Porque este pan postula la misma resurrección corporal.
Es interesante notar
la formulación del versículo 58, Jesús ahora no dice: “Yo soy el pan vivo,”
sino “Yo soy el pan vivo bajado del cielo” con lo
que se palpa muy de cerca la fórmula de la consagración eucarística: “Este
es mi cuerpo.”
Y este pan hasta aquí
aludido encuentra de pronto su concreción: “Yo soy el pan vivo
bajado del cielo.” Antes “Yo soy el pan de la vida.” (Juan
6,48) se definió como el Pan de vida, acusando el efecto que causaría ser
comido y masticado en el alma; ahora se define por la naturaleza misma
viviente, es decir tiene en sí mismo la vida: Porque, como el Padre tiene
vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo,
(Juan 5:26).
3. EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA
SIEMPRE
Y la tiene, porque
ese pan es el mismo Jesús, que bajó del cielo en la encarnación, cuyo
momento histórico en que se realizó esa bajada se acusa por la forma como
los dice. Es el verbo que tomó carne. Y al tomarla, es pan vivo. Porque es
la carne del Verbo, en quien, en el principio, ya estaba la vida (Juan 1:4)
que va a comunicar a los seres humanos.
Si ese pan es
viviente, no puede menos de conferir esa vida y vivificar así al que lo
recibe. Y como la vida que tiene y dispensa es eterna, Jesús nos dice
que; “El que coma de este pan vivirá eternamente” y
porque tendrá Vida eterna. El tema, una vez más, se presenta,
según la naturaleza de las cosas, sapiencialmente, sin considerarse
posibles deserciones o abandonos que impidan o destruyan en el sujeto esta
vida eterna: …”El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto;
porque separados de mí no podéis hacer nada….” (Juan 15:1-7).
4. EL PAN QUE YO DARÉ ES MI CARNE PARA LA
VIDA DEL MUNDO.
Y aún se matiza más
la naturaleza de este pan: “y el pan que Yo daré es mi carne
para la Vida del mundo”.
Al hablarles antes
del Pan de vida, que era asimilación de Jesús por la fe, se exigía el venir
y el creer en El, ambos verbos en participio de presente, como una
necesidad siempre actual: “Les dijo Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El
que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca
sed.”(Juan 6, 35); pero ahora este Pan de vida se anuncia que él lo dará en
el futuro. Es, se verá, la santa Eucaristía, que aún no fue instituida. Un
tiempo después de esta promesa, este pan será manjar que ya estará en la
tierra para alimento de los seres humanos. Con ello se acusa la perspectiva
eclesial eucarística.
Éste pan, dice Jesús, es
mi carne, pero dada en favor y en provecho de la vida del mundo. Este
pasaje es, doctrinalmente, muy importante.
Se trata,
manifiestamente, de destacar la relación de la Eucaristía con la muerte de
Jesús, como lo hacen los sinópticos y Pablo. San Juan utilizará el término
más primitivo y original de carne.
Si la proposición
vida del mundo concordase directamente con el pan, se tendría, hasta por
exigencia gramatical, la enseñanza del valor sacrifical
de la Eucaristía. Pero vida del mundo ha de concordar lógicamente con mi
carne, y esto tanto gramatical como conceptualmente.
5. ES LA CARNE DE JESÚS
Pero ya, sin más, se
ve que esta carne de Jesús, que se contiene en este pan que Jesús dará, es
la carne de Jesús; pero no de cualquier manera, la carne de Jesús como
estaba en su nacimiento, sino en cuanto entregada a la muerte para provecho
del mundo, mi carne para la Vida del mundo es la equivalente, y está muy
próxima de la del relato de Lucas: “Tomó luego pan, y, dadas las gracias,
lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por
vosotros; haced esto en recuerdo mío.”(Lucas 22, 19), o como lo relata
Pablo: “Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo
mío.” (1 Cor 11,24).
Aquí Jesús no habla
de la entrega de su vida sino de la entrega de su carne. Podría ser porque
se piensa en la participación del cuerpo y sangre en el banquete
eucarístico, o porque se piensa en la unidad del sacrificio
eucarístico/Calvario.
6. EL PAN QUE JESÚS DARÁ ES LA EUCARISTÍA.
Y ésta, para San
Juan, es el pan que contiene la carne de Jesús. En el uso semita, carne, o
carne y sangre, designa el hombre entero, el ser humano completo. Aquí la
Eucaristía es la carne de Jesús, pero en cuanto está sacrificada e inmolada
por la vida del mundo Precisamente el uso aquí de la palabra carne, que es
la palabra aramea que, seguramente, Jesús usó en la consagración del pan,
unida también al el pan que yo daré, es un buen
índice de la evocación litúrgica de la Eucaristía que San Juan hace con estas
palabras.
Si por una lógica
filosófica no se podría concluir que por el solo hecho de contener la
Eucaristía la carne de Jesús inmolada no fuese ella actualmente verdadero
sacrificio, esto se concluye de esta enseñanza de San Juan al valorar esta
expresión tanto en el medio ambiente cultual judío como grecorromano.
7. ¿CÓMO ESTE HOMBRE PUEDE DARNOS A COMER SU
CARNE?
“Los judíos discutían
entre sí, diciendo: Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” Ante la afirmación de
Jesús de dar a comer un pan que era precisamente su carne, los judíos no
sólo susurraban o murmuraban como antes, al decir que bajó del cielo: Los
judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado
del cielo.” (Juan 6, 41), sino que, ante esta afirmación, hay
una protesta y disputa abierta, acalorada y prolongada entre ellos, como lo
indica la forma imperfecta en que se expresa: “¿Cómo este hombre
puede darnos a comer su carne?” Esto sugiere quizá, más que un
bloque cerrado de censura, el que unos rechazasen la proposición de comer
ese pan, que era su carne, como absurda y ofensiva contra las
prescripciones de la misma Ley, por considerársela con sabor de
antropofagia, mientras que otros pudiesen opinar: “Le respondió Simón
Pedro: Señor, ¿dónde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida
eterna”, (Juan 6:68), llenos de admiración y del prestigio de
Jesús, el que no se hubiesen entendido bien sus palabras, o que hubiese que
entenderlas en un sentido figurado y nuevo, como lo tienen en el otro
discurso: ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de
David y de Belén, el pueblo de donde era David? (Juan 7:42)
Preguntaban
despectivamente el cómo podía darles a comer su carne. ¡El eterno cómo del
racionalismo! Ante este alboroto, Jesús no sólo no corrige su afirmación,
la atenúa o explica, sino que la reafirma, exponiéndola aún más clara y
fuertemente, con un realismo máximo. La expresión se hace con la fórmula
introductoria solemne de "Les aseguro que”, y
luego les agrega; “si no comen la carne del Hijo del hombre y no
beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come
mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día.”
8. LA NECESIDAD DE COMER Y BEBER LA CARNE Y
SANGRE DE JESÚS
La doctrina que aquí
se expone es por una parte la necesidad de comer y beber la carne y sangre
de Jesús; por otra, porque sin ello no se tiene la vida eterna como una
realidad que ya está en el alma; “pero el que beba del agua que yo le dé,
no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en
fuente de agua que brota para vida eterna…….. (Juan 4:14.23), y que sitúa
ya al alma en la vida eterna, y finalmente y como consecuencia de la
posesión de la vida eterna, que esta comida y bebida confieren, se enseña
el valor escatológico de este alimento, pues exigido por él, por la vida
eterna por él conferida, Jesús, a los que así hayan sido nutridos, los
resucitará en el cuerpo en el último día.
La enseñanza trascendental
que aquí se hace es la de la realidad eucarística del cuerpo y sangre de
Jesús como medio de participar en el sacrificio de Jesús: necesidad
absoluta para el cristiano. Sacrificio que está y se renueva en esta
ingesta sacrificial eucarística.
9. EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE
PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL.
“El que come mi carne
y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él.” Como verdadera comida
y bebida que son la carne y la sangre eucarísticas de Jesús, producen en el
alma los efectos espirituales del alimento. “El que come mi
carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”, es una
forma que aquí se usa para expresar esta presencia de Jesús en el alma, la
unión de ambos, tiene en los escritos de San Juan
el valor, no de una simple presencia física, aunque eucarística, sino el de
una unión y sociedad muy estrecha, muy íntima: ¿No crees que yo estoy en el
Padre y el Padre está en mí? ……..Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre
está en mí… (Juan 14:10.20), “Permaneced en mí, como yo en vosotros.”,
(Juan 15:4.5), “para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en
ti", que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea
que tú me has enviado.” (Juan 17:21). Este es el efecto eucarístico en el
alma: así como el alimento se hace uno con la persona, así aquí la
asimilación es a la inversa: el alma es poseída por la fuerza vital del
alimento eucarístico.
10. COMO YO, QUE HE SIDO ENVIADO POR EL PADRE
QUE TIENE VIDA, VIVO POR EL PADRE
Luego Jesús nos
dice; “Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene
vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.”
Así como Jesús vive
por el Padre, del que recibe la vida: “Porque, como el Padre tiene vida en
sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo,” (Juan
5:26), así también el que recibe eucarísticamente a Jesús vive por Jesús,
pues Él es el que le comunica, por necesidad, esa vida (Juan 1.16; 15:4-7).
El Padre es la fuente de la vida que el Hijo goza; esta vida, difundiéndose
luego a su humanidad, constituye aquella plenitud de que todos hemos de
recibir (San Juan 1:16). Así el discípulo que se nutre del Pan de vida
eucarístico se consagrará enteramente, por ello, a promover los intereses
de Jesús. Con esta interpretación estaríamos en presencia de una noción
nueva. Unido a Jesús en la Eucaristía, el fiel se consagraría enteramente a
promover los intereses de aquel que se le da a él.
11. JESÚS ENSEÑABA TODO ESTO EN LA SINAGOGA DE
CAFARNAÚM
Finalmente, san Juan
ha querido precisar donde se dijo este discurso con exactitud, Jesús
enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm. Jesús enseñaba todo esto en
la sinagoga de Cafarnaúm. Tal vez los hace, para certificar que estas cosas
se decían en reuniones públicas, no de una forma clandestina.
Los sacramentos nos
comunican la gracia, la Eucaristía nos da a Jesucristo, el mismo autor de
la gracia, es así como la Eucaristía nos produce un efecto admirable.
San Agustín, en una
ocasión nos advierte: Al comer la carne de Cristo y beber su sangre, nos
transformamos en su sustancia
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant
Domingo de Corpus Christi Ciclo A
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PARA LA LECTIO DIVINA
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“EL PAN DE LA VIDA”.
Nos impresionan las
palabras del Señor proclamadas en el evangelio de hoy. Significan que la
“muerte” no tiene ninguna posibilidad de acceso allí donde se come “el pan
de la vida”. Sabemos que el pan de la vida es la carne de Jesús entregada
para la vida del mundo. Quien come su carne vive en Cristo. Es transformado
en una realidad eterna. Y desde ahora. Vive ya la vida eterna, que es
propia de Dios.
Después, el futuro:
“y yo lo resucitaré el último día”. El horizonte de la eucaristía es la
resurrección de los muertos: “El que come mi carne y vive mi sangre tiene
vida eterna”. Nunca más el horror del desierto, la angustia de la noche y
las insidias del camino, sino la vida eterna. Mejor aún, el misterio del
amor que reina entre el Padre y el Hijo en la Santísima Trinidad. La vida
eterna está presente en quien come el cuerpo de Cristo. Es una realidad
tangible. Es una vida que extiende y propaga el fuego inagotable de Dios y
transforma al hombre, preparándolo para la “boda eterna”. Por cierto,
siempre existe el riesgo de tropezar en las propias limitaciones. Pero el
Señor es el “pan vivo” que está continuamente a nuestra disposición. Él nos
ayuda a vivir en la fe, esperanza y caridad y a gustar desde ahora, incluso
sufriendo la soledad del desierto, la verdad de la resurrección. No por
nada la vida eterna es la resurrección.
Ahora sólo nos queda
corear el gozo y la alegría de haber encontrado en el corazón de nuestra
vida un camino que no conocíamos. El camino que conduce a la resurrección.
Desde ahora, y hasta el final, la resurrección está aquí con nosotros: “El
que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el
último día” (Jn 6,54).
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ORACION
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Te damos gracias, Dios
de eterno amor, por el regalo de la eucaristía, comunión y unión con Cristo
y los hermanos. Cuando participamos en la eucaristía no sólo nos unimos a
Cristo y formamos una sola cosa con él (“un solo cuerpo”,), sino que nos
ponemos en común unión entre nosotros y nos convertimos en “un solo cuerpo”
con Cristo y los demás. Te pedimos perdón porque no siempre hemos
experimentado el misterioso e irresistible atractivo de la eucaristía,
porque a veces hemos gastado el tiempo en conseguir seguridades personales,
embaucados por nuestros egoísmos y atrapados por la desconfianza y la
desesperación.
Te rogamos, Padre,
que nos concedas el don de la sabiduría para que comprendamos que la
fatigosa peregrinación por el desierto de nuestra vida es ya una
confortable estancia en la patria del cielo. Porque “no sólo de pan vive el
hombre”, sino de ese “pan” que es él, en cuanto Hijo de Dios, enviado al
mundo para salvarlo. Te suplicamos que, comulgando del cuerpo de Cristo,
nos convirtamos en lo que somos, como nos dice san Agustín: cuerpo de
Cristo y miembros los unos de los otros. Éste es el deseo profundo que
queremos cultivar con la oración y en el corazón: dejar que tú, Señor,
obres este milagro en nosotros. Tú eres el Señor, tú lo puedes todo. Amén.
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FUENTES DE LA PAGINA
ESTA PERMITIDO EL RE-ENVIO, LA COPIA Y LA
PUBLICACIÓN DE ESTA PAGINA, SOLO NO OLVIDE DE INDICAR EL AUTOR Y LAS
FUENTES DE ORIGEN
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La Página de la Misa
Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de
apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego
su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia
de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el
estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia
Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio Divina,
Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd.
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caminandoconjesus@vtr.net

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