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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

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Página de Pedro Sergio Donoso Brant
28 años en Internet
La edición de la Misa Diaria, Reflexión Bíblica, Lectio
Divina y Santoral es las más antigua de Internet, comenzó en el año 1998.
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14-03-2026
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Edición Nº 9.994
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LITURGIA DE LAS HORA
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SABADO
TERCERA SEMANA DE CUARESMA
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 102, 2-3
Bendice al Señor, alma mía, y
nunca olvides sus beneficios. El perdona todas tus culpas y cura todas tus
dolencias.
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, nos
alegremos por la celebración anual de la Cuaresma, te pedimos participando
del misterio pascual, podamos gozar plenamente de sus frutos. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA Os 6, 1-6
Lectura
de la profecía de Oseas.
“Vengan, volvamos al Señor: Él
nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.
Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y
viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición
es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia
de primavera que riega la tierra”. ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré
contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el
rocío que pronto se disipa. Por eso los hice pedazos por medio de los
profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá
como la luz. Porque Yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios
más que holocaustos.
Palabra
de Dios.
COMENTARIO: “Quiero
misericordia y no sacrificios”. Oseas recoge aquí una celebración
penitencial del pueblo. Pero el pueblo no busca la conversión sincera, sino
que el Señor los libre de un peligro inminente de invasión y les solucione
los problemas “en dos días”, para luego volver a “las viejas andanzas”.
Y eso no tiene valor.
El Señor no puede aceptar una oración y unos holocaustos faltos de
contenido interior. No, el Señor no acepta “coimas”. La conversión a la que
el pueblo alude es interesada y se apoya en el mérito de un ejercicio
ritual que no tiene valor, porque le falta la obra de caridad y de justicia
con el prójimo. El Señor no acepta una religión que carece de ética, ya que
él prefiere la misericordia a los sacrificios.
SALMO Sal 50, 3-4. 18-21
R. El
Señor quiere amor y no sacrificios.
¡Ten piedad de mí, Señor, por
tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de
mi culpa y purifícame de mi pecado! R.
Los sacrificios no te
satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: mi sacrificio es un
espíritu contrito, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.
Trata bien a Sión, Señor, por
tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás los
sacrificios rituales: las oblaciones y los holocaustos. R.
VERSÍCULO Cf. Sal 94, 8. 7
No endurezcan su corazón, sino
escuchen la voz del Señor.
EVANGELIO Lc 18, 9-14
Evangelio
de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Refiriéndose a algunos que se
tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola: Dos
hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como
los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como
ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas
mis entradas”. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se
animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el
pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Les
aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero.
Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.
Palabra
del Señor.
COMENTARIO: “Todo el
que se enaltece será humillado y todo el que se humilla será enaltecido”.
Para alcanzar una genuina relación con el Señor, no podemos equivocar el
punto de partida: todo es obra del amor del Señor. Él es quien nos busca,
nos mueve y nos envuelve hasta estrecharse con nosotros. Por eso, el
fariseo que se cree incontaminado, está tan lleno
de sí mismo, que ya no le cabe nada ni nadie dentro de sí: el Señor y el
prójimo quedan al margen de su vida. En cambio el publicano, se siente
pecador, vacío y necesitado; abre su corazón de par en par y vuelve repleto
del Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios nuestro, purificados por tu
gracia, nos acercamos a tus santos misterios, permítenos que al celebrar
esta Eucaristía que nos has dado, podamos rendirte una alabanza perfecta.
Por Jesucristo nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Lc 18, 13
El publicano, manteniéndose a
distancia, se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí, que
soy un pecador.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Concédenos, Dios
misericordioso, venerar con sincero respeto la santa Eucaristía, que
continuamente nos alimenta y recibirla siempre con profundo espíritu de fe.
Por Jesucristo nuestro Señor.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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Dos
hombres suben al templo a orar. La
soberbia versus la humildad
Lc
18, 9-14
Autor:
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
1.
PORQUE TODO EL QUE SE ELEVA SERÁ
HUMILLADO, Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ELEVADO.
La finalidad de esta parábola,
es enseñar el valor de la oración, pero con una condición esencial de la
misma: la humildad. Es condición esencial, pues todo el que pide ha de
reconocer lo que no tiene. Jesús, según Lucas, dijo esta parábola “a
algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás.” En la
oración, pues, la actitud humilde es lo que hace a Dios aceptarla, mientras
que la actitud soberbia del que pide con exigencia, más o menos camuflada,
Dios no la escucha. Así termina la parábola con una sentencia, citada
varias veces, pero que insertada aquí comenta el sentido del intento:
“Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será
elevado.”
Dos hombres suben al templo a orar. La escena
presenta más bien una oración privada. Uno fariseo: soberbio, engreído por
la práctica material de la Ley; despreciador de los demás, por
considerarlos pecadores. El fariseo se consideraba siempre “el justo.” El
publicano, al servicio de Roma y predispuesto a negocios ilícitos, era
considerado como gente “pecadora,” odiada y despreciable.
“El fariseo, de pie,” La oración de pie era
normal. No ora: relata sus necedades, porque sólo lo que refiere, aunque
fuese verdad, no evitaba el orgullo. Además alega obras de supererogación.
Ayuna “dos veces” por semana. No había más obligación que el ayuno anual
del día de Kippur, en el del mes de abril. Pero los fariseos ayunaban los
días segundo y quinto de la semana. Pagaba, además, el diezmo de todo lo
que vendía o adquiría.
"¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un
pecador!" La oración del publicano, por su humildad, por reconocer lo
que era ante Dios, pecador, sin levantar los ojos ni las manos al cielo,
como era normal, y pedirle misericordia, era válida y adecuada. En cambio,
la exhibición del fariseo, que alegaba ante Dios sus obras como si fuesen
suyas, Infunde soberbia, vanidad y presunción en su complacencia, no le
trajo la “justificación,” que es el único término que aquí se compara No le
justifican sus obras solas.
2.
LA SOBERBIA
La parábola que expone Jesús,
nos presenta dos posiciones opuestas del hombre frente a Dios, una es
simbolizada por el fariseo, “la soberbia”.
Hablamos de soberbia y nos referimos a una
actitud de arrogancia, y los soberbios se auto califican en sus hechos de
grandiosos, magníficos, o estupendos, y disfrutan placenteramente en la
contemplación de sus cualidades propias, con menosprecio a los demás.
El soberbio es orgulloso, se cree superior, por
lo que trata de forma despectiva y desconsiderada a los demás, es decir es altanero,
con actitud despreciativa hacia los demás en palabras, gestos y miradas.
Además es vanidoso, aparenta lo que no es, todo lo que hace es una
actuación para quedar bien, a costa de todo incluso de la verdad.
El soberbio no trepida y no tiene vergüenza para
hacerse dueño de los meritos que no le
corresponden, se apropia del éxito ajeno, y acomoda y adapta las cosas para
sacar provecho de las iniciativas que no le pertenecen. Además pone todo su
esfuerzo para vanagloriarse y presumir llamado la atención y arrogarse
ventajas y beneficios, incluso derechos especiales que no goza todo el
mundo.
El soberbio es aquel que desea imponer su propio
juicio y gusto personal. Pero aún más, él quiere a toda costa que todos
aprueben, acepten y apoyen sus opiniones, sus gustos e iniciativas, pero
sin aceptar la de los demás. Además impone su orgullo, con cierta rebeldía,
para que todo se haga como él quiere, y se molesta y muestra enojo si le
contradicen.
El soberbio mira con malos ojos cualidades y
éxitos de otros, entonces es envidioso y busca desanimar al que va bien,
manifiesta su deseo de fracaso a otro que no es él. Pero además es egoísta,
y busca ser el punto central, interesado solo por sí mismo y sus bienes y
cosas.
El soberbio es desconfiado, sospecha de todo,
complica todo lo que puede, enreda las expresiones de los demás, es burlón
e irónico, lastima y ridiculiza a otros. También su juicio es duro, terco,
juzga despreciativamente al que puede e interpreta siempre mal los actos de
las personas. Además vive cavilando, le da vuelta una y otra vez a las
cosas y complicándola mucho más de lo que es.
El soberbio es ambicioso, se empeña a toda costa
en triunfar, pasa por encima de cualquiera que se oponga a su éxito, busca
todas las formas para sentirse bien consigo mismo. Es poderoso y mejor que
los demás. Es calculador y para tener beneficios, reflexiona con cuidado y
atención si va a tener perjuicios. Todo lo hace por conveniencia.
3.
LA HUMILDAD
La otra posición opuesta, simbolizada por el
publicano, es la de una profunda humildad.
La humildad, es una actitud derivada del
conocimiento de las propias limitaciones y que lleva a obrar sin orgullo:
La humildad permite reconocer los propios errores. Así es, como el
publicano, que con esta actitud de profunda humildad, hace un reconocimiento
sincero de sus faltas, él se mira interiormente a sí mismo y lo hace con
verdad y honestidad, entonces se sabe pecador, y por lo mismo, se reconoce
necesitado del perdón de Dios.
El sentimiento de humildad del publicano, lo hace
abrirse a sí mismo, y busca apoyarse en la infinita misericordia de Dios,
así es como dice: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un
pecador!". La suplica es con ahínco.
Somos humildes, cuando no nos fijamos en los
demás y no los juzgamos, sino que los hacemos a sí mismo.
Finalmente Jesús, pronuncia una sentencia sobre
la actitud de soberbia del fariseo y la humilde del publicano. El fariseo,
llenos de si, se vuelve vacío de Dios, el publicano, vacío de sí mismo y se
ve envuelto por el amor y la misericordia de Dios. Es decir la oración
humilde justifica, es decir, nos hace aceptables a Dios, y la soberbia nos
cierra las puertas de su misericordia.
Mantengámonos humildes, Dios nos va a enriquecer
con los beneficios de su gracia y de su amor.
El
Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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¿QUÉ ES EL HOMBRE SIN DIOS?
Lc 18, 9-14
Job, David y otros
tantos, comenzaban siempre sus oraciones confesando la propia miseria e
indignidad; es, por lo tanto cosa excelente reconocerse pobre, bajo e
indigno de comparecer ante un Dios de amor y perdón.
Conocer a Dios y
conocerse a sí mismo o, mejor, conocerse a sí mismo en Dios: ése es el
comienzo de la sabiduría y de la verdadera vida. Todos los santos lo han
experimentado. De hecho, ¿qué es el hombre sin Dios? Un soberbio destinado
a la oscura soledad, rodeado de presuntos rivales o de seres juzgados
indignos; en resumidas cuentas, un desesperado pillado en el cepo de su
egoísmo, de su pecado. ¿Qué es el hombre con Dios?
Sigue siendo un
orgulloso, un pecador. Pero sabe que precisamente la experiencia del pecado
puede convertirse en un lugar en el que Dios —el Misericordioso— revela su
rostro.
Vemos, pues, lo
importante que es dejar caer las caretas con las que pretendemos
ocultarnos, sobre todo a nosotros mismos, la pobreza de nuestro ser, la
mezquindad de nuestro corazón, la dureza de nuestros juicios. Uno sólo
puede curarse si se reconoce enfermo, necesitado de salvación. Dios espera
este momento, incluso hasta lo provoca sabiamente con su pedagogía
inconfundible. Todos somos siempre un poco "fariseos", pero a
todos nos brinda Dios poder hacer la experiencia del publicano de la parábola,
lograr una auténtica humildad, la que reconoce que Dios es mayor que
nuestro corazón y que siempre perdona.
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ORACION (3)
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Oh Dios:
Creador del cielo y la
tierra, el universo entero es lugar de tu presencia, morada de tu santo
nombre. En ti, bajo tu mirada, vivimos, nos movemos y existimos. Todas
nuestras palabras y acciones son oración que sube a tu presencia. La verdad
de nosotros mismos está patente a tus ojos. El temor nos asalta porque
sabemos que nuestro corazón no es puro, que nuestra vida no es santa, y
tratamos de ocultarnos y de despreciar a los demás para justificarnos a
nosotros mismos; pensamos adornarnos con tantas obras que son pura
apariencia. Tratamos, en vano, de buscar una seguridad.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La
Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds,
desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro
Señor Jesucristo y por la
Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse
este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3)
Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio
Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de
Santa M. Magdalena ocd.
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caminandoconjesus@vtr.net

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