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Caminando con Jesus Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant |
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SANTA TERESA DE JESÚS Y LA SAGRADA ESCRITURA P. SILVIO JOSÉ BÁEZ, O.C.D. |
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Una de las razones de la riqueza y actualidad de la
espiritualidad de Santa Teresa de Jesús es su profundo talante bíblico. Son
innumerables las citas explícitas que hace de la Biblia, las constantes
alusiones a la Escritura, las llamativas intuiciones hermenéuticas con que se
acerca a los textos y el sugestivo uso que hace de los pasajes y de los
personajes bíblicos para explicar actitudes de vida o para iluminar sus
propias experiencias espirituales. “La Biblia se adhiere a su vida y a su
mensaje. Penetra una y otro saturándolos. Al escribir 'las cosas de
espíritu', la Palabra de Dios le fluye con la misma sencillez que abundancia.
Como le mana su misma vida. Textos, tipologías, evocaciones, reminiscencias
bíblicas se agolpan sobre su pluma en el momento preciso, como a presión de
la vida que lleva dentro, con toda la carga de vibraciones y resonancias y
luminosidad que la Palabra de Dios le produce” [M. Herraiz,
“La Palabra de Dios en la vida y pensamientos teresianos”, Teología
Espiritual 28 (1979) 53]. Es doblemente sorprendente el lugar que ocupa la Biblia en la
vida y la doctrina de Santa Teresa cuando la enmarcamos en su tiempo. Ella no
tuvo la oportunidad de realizar un estudio profundo de la Biblia y ni
siquiera la conoció íntegramente. Su condición de mujer en aquella época era
una limitación muy grande. Ella misma confiesa: “Por lo demás basta ser mujer
para caérseme las alas” (V 10,8). Mujer sin letras. No realiza labor de
teólogo cuando escribe sino que sencillamente narra la historia que Dios va
tejiendo en su propia vida y desde allí intuye unos caminos y unos criterios
luminosos y válidos también para otros. Y aun cuando lo hace magistralmente,
en más de una ocasión manifiesta su deseo de poder manejar categorías
bíblicas nuevas que le permitan expresar mejor lo que vive y siente su alma.
Al final de Las Moradas exclama: “¡Oh, Jesús! Y ¡quién supiera las
muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del
alma!” (7M 3,13; cf. C 19,3). En Teresa de Jesús la Escritura es palabra viva. Se funde
armoniosamente con su vida, como dos palabras pronunciadas por el mismo Dios.
Con naturalidad constata que lo narrado en la Biblia "me parece lo veo
al pie de la letra en mí". Con gozo exclama que la lectura de los textos
bíblicos "me aprovechó mucho", "me consoló mucho",
"me ponía esfuerzo". Biblia y vida aparecen en Teresa como dos ríos
que brotan de la misma fuente divina. Dios mismo fue para ella "el libro
verdadero adonde he visto las verdades". La Biblia es también una luz
que ilumina su experiencia de fe y su proceso espiritual. No quiere apartarse
ni un "tantico" de lo que dice la Biblia,
en donde se le ha revelado la Verdad de Dios. Quisiera conocer más de la
Biblia "para dar a entender" el camino espiritual. Se acerca a la
Biblia para entender su vida y desde su vida entiende la Biblia. Sus
intuiciones hermenéuticas son sorprendentes, sobre todo si pensamos en el
momento histórico que vivió. Como fruto de su experiencia mística, de su vida
profundamente arraigada en la verdad, de su maravilloso sentido común y de su
gran amor a la Iglesia, nos ofrece una serie de normas de lectura de la
Biblia que coinciden en mucho con las reconocidas por la Iglesia en el
Vaticano II. Santa Teresa de Jesús es un verdadero testigo de la fuerza y de
la luz de la Sagrada Escritura. Una mujer, hija de su tiempo, que sufrió
muchas veces la ausencia de la Biblia. Pero que por su amor a la Palabra de
Dios no se dejó condicionar por el momento histórico que vivió, ni por las
estructuras eclesiásticas de su época. Teresa nos ha dejado el testimonio de
una existencia iluminada y explicada por la Palabra de Dios. |
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